Acerca de la película Elefante Blanco

Acudir al cine a ver a Ricardo Darín y que su papel se desarrolle bajo una sotana, de entrada produce cierto bajón. Menos mal que como estamos en el estreno y él ha aparecido a decir unas palabras, lo has tenido previamente muy cerca (¡¡¡me derrito!!!). Si además  sumamos que José Coronado también pasaba por allí, no puede decirse que la velada de presentación de Elefante Blanco, la nueva película del director argentino Pablo Trapero se haya iniciado con mal pie.

Pero lo que se te va quedando, a medida que avanzan las escenas, es mal cuerpo, no consigues dejar de fruncir el ceño, de tener los músculos de la cara tan tensionados como  los de Rocky, y de taparte los ojos de forma permanente (una no nació para ver sangre). Porque la película es dura, quizás porque el director se recrea un tanto, quizás porque la realidad es así. Y hablamos de (mi querido) Buenos Aires, y de (mi disfrutado) siglo XXI. ¿No es un paraje tan lejano, no? De repente formamos parte de un mundo regido por las drogas, en el que el poder se disputa entre las corrompidas bandas, en el que las moradas son chabolas que producen escalofríos. Y entre medio, la labor de dos sacerdotes y una asistente social, que luchan por construir un hospital y sacar a la juventud de esa sociedad sin futuro. Nos acordamos de La Misión (Roland Joffe, 1986), pero en versión moderna.

El problema de Elefante Blanco es que se tocan demasiados resortes, y que no da tiempo a profundizar en ninguno de ellos. Con unas tomas que nos tocan la fibra, nos entristecemos con el abatimiento de Darín, empatizamos con las tensiones sexuales del sacerdote belga, entendemos las flaquezas de ella, y sufrimos el dolor y la rabia de los habitantes de la zona. Además, nos enfurecemos con los poderes fácticos, tan en su habitual papel de causar problemas en lugar de facilitar las labores de ayuda. Pero todo nos pasa de forma superficial, demasiados frentes abiertos, poca profundidad en cada uno de ellos.

 

Compartir

 

0 comentarios

Deja tu comentario

Nos interesa tu opinión
Escribe un comentario