Manos a la obra

Autor/a: el 18 febrero, 2009

Leo en el mismo periódico dos noticias que no tienen nada que ver pero que me hablan de lo mismo. La portada de El País dice que la crisis financiera se agrava, que Bruselas piensa en eliminar los bancos dañados como si fuesen virus informáticos y que lo de Madoff tiene más pinta de regla que de excepción. Treinta y tres páginas más allá, el mismo periódico titula que “La Antártida se resquebraja en miles de icebergs”, que el hielo del Polo Sur se funde más rápido de lo previsto.

Aunque lo del hielo derretido no sea digno de portada, parece que la cosa se va a convertir en hábito y nos va a tocar adaptarnos a ello y, por tanto, cambiar de vida. Porque si sube el nivel del mar y por eso hay movimientos de población o si cambia el régimen de lluvias y por eso hay cosechas que van y vienen, por poner dos ejemplos, vamos a tener que ponernos en marcha para gestionar nuevas experiencias vitales. O no. Igual decidimos subirnos a uno de esos trozos de hielo y esperar a que se derrita con el índice y el pulgar apretando los orificios nasales para que no nos entre agua al hundirnos.

Lo mismo pasa con la crisis financiera que, por cierto, es mucho más que financiera. El sistema se resquebraja y sus cimientos se funden mucho más rápido de lo previsto. Y nosotros podemos esperar su hundimiento apretándonos la nariz, esta vez por protegernos de los malos olores. O podemos, también, tratar de adaptarnos a ello. Comprender que la sociedad ya nunca va a ser como la hemos conocido y buscar nuevas maneras de gestionarla.

Claro que, para eso, es necesario que haya líderes que tomen decisiones y yo últimamente no he visto ninguno. En España, la analogía que me pilla más a mano, el Estado da pasta a los bancos sin quedarse a cambio con acciones mientras que las empresas financian a un buen montón de Ayuntamientos por la vía del impago público y el asunto de cobrar en cualquier curro se ve impedido por una morosidad que se contagia sin que el poder trate de buscar una vacuna. Y luego dicen que el caos sólo campa por Somalia.

Este castillo de naipes se está cayendo porque las cartas no estaban bien colocadas. Necesitamos un nuevo tipo de construcción para nuestra sociedad. Si esperamos a los que hemos colocado como croupiers, lo llevamos claro. Necesitamos arquitectos, aparejadores albañiles, fontaneros, electricistas… ¿Quién dice que no hay trabajo? Queda todo por hacer. Hagámoslo.

La foto es de Merzperson y está sacada de la Wikimedia.
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