Mirar de forma global para acercarnos a la alternativa

Todavía asociamos el comercio justo o la economía solidaria a una utopía, como algo que ha quedado obsoleto o que queda lejos, en tiempo y espacio, de nuestro día a día. Como consumidores tenemos que prestar especial atención a dónde compramos y qué garantías de cumplimiento ético se exige a la totalidad de la cadena de valor que interviene en cada uno de los productos que adquirimos, y esto puede resultar agotador.

El libro ‘Miradas globales para otra economía’ (disponible para su consulta gratuita en red en este enlace) quiere acercar ese modelo de negocio, que para muchos queda lejano, para hacernos ver que no hablamos de utopías si no de una realidad, actual, viable y que supone una alternativa al concepto de vida doméstica y consumo insostenible hacia el que nos hemos dirigido.

Como recoge la sinopsis del libro: quince experiencias de éxito, repartidas entre África, América Latina y España, que cubren la totalidad del ciclo económico: producción, distribución, consumo y crédito, que ponen al ser humano y sus necesidades como prioridad, ‘cuyas actividades garantizan impactos sociales y ambientales positivos, además de rentabilidad económica’.

Pablo Guerra, autor del libro, es uno de los máximos exponentes a nivel mundial en materia de economía solidaria, tanto a nivel académico como práctico. Esta realidad nos permite asistir a una clase de economía con una perspectiva completamente nueva. En las primeras páginas del libro encontramos una revisión de las tendencias actuales de la economía, cómo el proceso de globalización ha desembocado en el contexto socio-económico en el que nos encontramos. Todo ello ilustrado, además, con datos y afirmaciones concretas del estilo ¿sabías que…?

Ahondar en el paradigma actual da pie al siguiente capítulo: ¿Es posible otra economía? El caso de las economías solidarias. ¿Qué estatutos rigen este tipo de empresas? Democracia, equidad, justicia distributiva, cuidado del medio ambiente, entre otros. Con todo ello, llegamos al análisis de experiencias que no pretende “mostrar un balance cuantitativo, sino introducir al lector y lectora sobre sus características generales y los impactos percibidos por los actores acerca de sus experiencias”.

 

Entre las experiencias mostradas encontramos, en África, as cocinas colectivas de Mali en el que se aúnan la empleabilidad de mujeres con la mejora de la nutrición infantil, o Le Gafreh, un centro de reciclaje de bolsas de plástico con el que se obtiene un impacto positivo directo sobre el medio ambiente, se emplea a mujeres y se obtienen productos finales inimaginables y comercializables, que garantizan la sostenibilidad del proyecto.

En el caso de América Latina, vemos el caso de la Cadena Textil Justa y Solidaria, del algodón agroecológico a la fábrica recuperada en Argentina. El impacto social de esta acción es muy alto dado que favorece a 1000 familias que se involucran en la producción del algodón y que mejoran los ingresos derivados de la producción acogiendo una amplia cadena de valor y recuperando los métodos tradicionales.

¿Y en España? Sí, la economía solidaria también tiene cabida. En la presentación del libro en la sede de Setem en Madrid, pudimos ver dos proyectos novedosos y con un impacto real y directo en la sociedad: Fiare, banca ética (de verdad), finanzas orientadas al bien común, e IDEAS S.C.A., iniciativas de economía alternativa y solidaria con forma de cooperativa.

Pero hay más empresas en nuestro país que trabajan bajo el compromiso ético de aportar valor a la sociedad: Landare, asociación de consumidores de productos ecológicos en Pamplona; Som Energia, cooperativa de consumo y producción de energía verde en Girona; y la Red Social Koopera, una red de inserción sociolaboral contra la exclusión social en Bilbao.

Como conclusión de la lectura de este reporte de miradas hay que destacar cómo las organizaciones lucrativas que se crean con la finalidad de ayudar a construir un entorno más justo y equitativo están predestinadas al éxito, por el impacto positivo que ejercen sobre la sociedad y por cómo se involucra al consumidor que se convierte en agente del cambio mediante el consumo responsable.

Por el momento es cierto que, como apuntó el representante de IDEAS en la presentación ‘vamos despacio porque vamos lejos’, y mientras se continúe avanzando en esta dirección, las personas que nos gusta ser conscientes de aquello que consumimos, no tenemos ninguna prisa. Y como cierra la introducción a estas páginas, se trata de ‘sueños que se han hecho realidad y realidades que nos permiten soñar.’

 

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