Nuestros hermanos lejanos

Autor/a: el 30 noviembre, 2011

Ahora mismo me encuentro en San Salvador, conocido como “El pulgarcito de centroamérica” por ser el país más pequeños y más densamente poblado. Nunca antes había estado en ningún país latinoamericano y la sensación con la que me vuelvo a España es inmensa.

No puedo dar una opinión objetiva, este país esconde mucha historia y yo lo acabo de conocer, así que simplemente os resumiré mi visión de estos días, consolidada gracias a mi colaboración con la asociación CINDE, que me está permitiendo estar en contacto con madres, niños, y jóvenes salvadoreños, así como periodistas, activistas y cooperantes de otros países.

Cuando llegas a San Salvador te impregnas de los infinitos recuerdos de la guerra civil que durante 12 años provocó la pérdida de más de 75.000 salvadoreños, y que finalizó en 1992, cuando el gobierno y la guerrilla firmaron los Acuerdos de Paz. Cada persona que he conocido tiene una historia que contar sobre esa época, y se pueden sentir que las cicatrices siguen abiertas esperando aún su cura.

Lo que másme ha sorprendido, sin duda, es la desigualdad social que existe.

Las carencias de servicios básicos de salud, alimentación y educación que afectana la niñez yjuventud salvadoreña, y provocan la existencia de fenómenos como maltratos físicos contra niños y jóvenes, altas tasas de mortalidad, desnutrición, explotación laboral, analfabetismo, deserción escolar y delincuencia juvenil.

La seguridad es otro problema, todos saben que el pestillo del coche debe estar cerrado, que no se puede lucir nada aparentemente lujoso, que tu cámara de fotos debe estar guardada, que no se puede pasear solo más tarde de las 10.Todos los que viven aquí lo cumplen.Esta inseguridad se debe sobre todo a “las Maras”, adolescentes sin perspectivas de futuro, sin referentes marcados, que viven en situación de pobreza, con hogares desestructurados y violencia intrafamiliar, sin estudios ni trabajo y excluidos de la sociedad. Los integrantes de “las Maras” inician su proceso hacia los 12 años, una edad de plena búsqueda de la identidad personal.

Pero en Salvador la gente es trabajadora, bondadosa, humilde, tranquila y entregada. Conocen el sufrimiento y, sin embargo, cada persona que miras te regala una sonrisa, te hacen sentir como en casa. La belleza de sus paisajes es pura magia, sus playas son un tesoro, sus montañas, el volcán que les vigila, el sol que siempre los acompaña. Frijoles, pupusas, tamales son algunos de sus platos favoritos, siempre con su ingrediente básico: el maíz. Es curioso sentirse tan cerca de casa, y a la vez estar tan lejos, no somos tan distintos, más bien muy parecidos, el sentido del humor, la visión ante la vida, la forma de pensar…puedo notar que hay raíces que nos unen y no es solo la lengua.Si tuviera que destacar algún adjetivo de El Salvador sería su sencillez y su personalidad. Como dirían aquí, chivísimo país el que me ha acogido por unos días.Lo echaré de menos.

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2 comentarios

  • Ana, gracias por compartir esta historia, sin duda ahora será un antes y un después de cruzar el charco.

    Bs

  • Pablo P dice:

    Me encanta! Pero esto es sólo una introducción! Quiero saber más!

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