On/Off

Autor/a: el 2 abril, 2012

El pasado sábado fue la hora del planeta. Eso quiere decir que todo el mundo se pone de acuerdo para “dar un respiro” energético a la Tierra durante una hora. Se desenchufan los trastos, se apagan las luces. La campaña se propulsa desde WWF (los del panda), así que organizaron un evento en Plaza de Oriente para celebrarlo. Repartieron velas (que se agotaron), buscaron voluntarios para que hicieran un mosaico gigante con su logo, y apagaron el Palacio Real.

Inocentemente, llevé a mi madre y a mi hermana, que estaban vistándome en Madrid. Y acabamos muertas de la risa al lado de un grupo de adolescentes fascinados por la cera de sus velas. Básicamente, estuvimos esperando media hora epserando a que apagaran dos farolas. Miren la foto. Dos farolas. La oscuridad en la imagen inferior es ambiental, no medioambiental. Los momentos culminantes fueron cuando el locutor del evento proclamó que su equipo tenía una vela (para todo el equipo) y que desde su posición podía ver cómo un grupo de espontáneos entusiastas había formado un símbolo de la paz con las suyas.

La cosa con los gestos que buscan despertar la consciencia del público es que parece que las consciencias son de sueño leve. Pero, personalmente, creo que hace falta más que dos farolas para despertar las consciencias (en otras localidades, se tiene que admitir, el evento se toma más en serio).

Esos pequeños gestos acaban justificando o excusando hábitos sempiternos. Sujeté una vela en la Plaza de Oriente, así que no importa si pongo la calefacción a 30º todo el día. Son como padresnuestros rezados con satisfacción rápida después de una confesión. Qué más da lo que hagamos, si siempre hay un gesto para limpiarlo.

Curiosamente, vivo al ladito de la sede de WWF. Cuando volví a casa por un camino tan iluminado como siempre, la cara del panda en la fachada me miraba como diciendo ¿Pero tú has visto? Perdónales porque no saben lo que hacen. Perdonen el cinismo, pero es que no son los primeros ojos tristes que me miran desde lo alto. Al fin y al cabo, fui a un colegio de curas.

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1 comentario

  • Ana dice:

    Sin duda, tienes toda la razón, esta muy bien que fomenten este tipo de iniciativas pero no tiene sentido sino es sostenible en el tiempo. Quedémonos con la motivación de la gente que aunque sea un tanto falsa es un comienzo.Gracias por tu texto!

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