Saber envejecer, o simplemente saber vivir

Autor/a: el 11 julio, 2012

Hace unos días, gracias a la Fundación Caser , asistí a una conferencia dentro del ciclo del psiquiatra Luis Rojas Marcos que llevaba por título “Saber Envejecer”. Así de entrada como que se te queda un poco lejos, porque a pesar de acumular alguna que otra primavera, lo de la vejez dista aún de ser tema de agonía. Pero entre que al ponente le sigues con frecuencia y admiración, y que piensas que algo aportarás a tu madre, pues ahí que te concentras en escuchar al Doctor.

Y  lo que iban a ser consejos de cómo saber llevar el peso de los años se convierten en consejos de cómo vivir, que al final, mejor aterrizarás en la tercera edad si has sabido vivir la segunda. Y comenzó dando peso a eso de hablar y de narrar, de poner palabras a los sentimientos, de forzarnos a argumentar nuestras preocupaciones, nuestras inquietudes, para darle de esa forma la intensidad que tienen (o que, quizás, no tienen), para conseguir entender el significado de los cambios que nos acontecen, ya que conocer las explicaciones es siempre requisito para avanzar.

Y de ahí a la definición  de SALUD, que según la OMS es el estado completo de bienestar físico, mental y psicológico.  Parece ser que esto no va solo del repetido “hay que hacer ejercicio”, que siendo necesario tampoco es menester prepararse para la maratón de NY, sino de equilibrio. Y para ello el primer paso es eliminar los pensamientos automáticos, esos nubarrones que se instalan en la mente de uno para, de forma permanente, llovernos encima, esos bucles en los que navegamos sin llegar a ningún lado y que sólo minan nuestro día  a día. Hay que pararlos, quitar los pensamientos negativos. Yes we can. Es cuestión de entrenar, y decidirlo.

Los siguientes minutos se los dedicó al aprender, a la necesidad de mantener activa la memoria, de ejercitar la búsqueda de nuevos conocimientos, para que las neuronas corran y nos rejuvenezcan.  Llegó el tema de los estímulos, y de la grata sorpresa. Resulta que eso de la calma del campo no es lo ideal, ni los idílicos complejos residenciales, que donde los abuelitos deben vivir es en la ciudad, con su rutina, pero en ambientes llenos de estímulos, donde pasen cosas. Y como pilar fundamental aparecieron entonces las relaciones afectivas, nada de aislarse, ni de llenar el tiempo con una única distracción (por ejemplo, los nietos), sino que es importante diversificar, con amigos, con hobbies.

La parte mejor de la charla fue cuando nos invitó a puntuar cómo estábamos en la vida. Y la media fue de 8. Tanta crisis, tanta crisis, y ahora resulta que somos más felices que perdices. Pero es que estamos programados para sentirnos bien, y además eso queremos. Y encima, mejor que los demás, que para la competición también estamos programados. Y los motivos de felicidad eran la familia, o la conexión con los demás, el trabajo, o el sentirnos útiles. Al final nada nuevo, pero al proclamarlo en voz alta como que  te sientes imbécil por a veces olvidarte de lo que tienes.  Rojas Marcos cerró haciendo referencia a la espiritualidad, en el sentido de restar miedo a la muerte, creer que después viene algo, quizás algo incluso mejor, tranquiliza.

Así que una se fue de la conferencia bien contenta, porque al final saber vivir es bastante fácil, no? Basta con querer hacerlo, porque las pautas… son bien sencillas.

 

P.D.: curioso también fue la percepción del optimismo, tan valorada en países como USA, y tan penada en sociedades como la española, donde lo que suma es el pesimismo, donde ser feliz es sinónimo de alguien poco inteligente, alguien bobo…

FOTO: AtribuciónNo comercialSin obras derivadas Algunos derechos reservados por . SantiMB 

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